Cuando algunos caricaturistas dibujaron a Mahoma en un periódico danés, lejos de pedir inspiración divina para el dibujo diario, probablemente habrían preferido rezar para que no se cumplan las amenazas de muerte de musulmanes extremistas, enardecidos por el “sacrilegio”. De aquel episodio hasta nuestros días han pasado cinco años, y si bien las protestas causaron varios muertos, las amenazas de muerte también murieron. Pero en contraparte dieron nacimiento a un grupo de caricaturistas del mundo que, convocados por Kofi Annan –entonces Secretario General de las Naciones Unidas- se juntaron con el propósito de defender valores como la tolerancia. Es Cartooning for Peace que a partir de ahí han organizado eventos, exposiciones, debates en donde a través de la palabra y del dibujo de humor ponen en escena los temas que separan a la Humanidad: la guerra, el racismo, el conflicto.

Jean Plantureux, conocido como Plantu, es el dibujante del periódico francés Le Monde y la cabeza más visible de este colectivo que agrupa a más de 70 dibujantes en el mundo. Con el apoyo de varias instituciones como la Embajada de Francia, la Cooperación Regional Francesa para los países andinos, el PNUD, la Alcaldía Mayor de Bogotá, el Banco de la República y otras instituciones organizaron el Primer Foro Internacional de Caricaturistas por la Paz y la Libertad de Opinión que del 15 al 19 de febrero se reunió en Bogotá, para extender su actividad en América Latina. A la cita asistieron dibujantes de Argentina, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Francia, Bélgica, Israel y, por supuesto, Colombia.
A lo largo de cinco días los dibujantes compartieron experiencias y refrendaron la necesidad de continuar caricaturizando la guerra, los conflictos y los atropellos del poder..

Pero ¿se puede hacer caricaturas de temas tan duros como la guerra en Israel y Palestina? ¿Qué puede haber de gracioso en la discriminación racial? ¿Qué puede hacer un caricaturista para fomentar la paz, a través del humor?
Para Plantu, el secreto está en “hacer como si... Como si lo que dibujáramos fuera a hacer la paz”. Ya lo habían hecho años atrás dibujando contra el Muro de Berlín. “Millones escribiendo, haciendo dibujos, canciones o crónicas, hasta que finalmente un día cayó”.
No es que la caricatura tenga el poder de hacer caer un muro, o detener una guerra. De lo que se trata es de producir dibujos que remuevan conciencias. Por eso el caricaturista colombiano Vladdo insiste en que “debemos zumbar, molestar, joder para que la gente no se quede dormida ante la realidad”.

Y mucho de eso es lo que se vio en la exposición que a lo largo y ancho de tres amplios salones del Museo de Arte Modernos de Bogotá (MAMBO) albergó el talento del israelita Kichka; Ana Von Rebeur (Argentina); Rayma (Venezuela); Tignous, Plantu (Francia); Bonil (Ecuador); Daryl Cagle (EE.UU.); Kroll (Bélgica); Trond (Bolivia); Betto, Calarcá, Chócolo, Mheo, Matador, Mico, Vladdo y otros, de Colombia.
Todos los caricaturistas coinciden en que su función debe ser la de alertar, y ser como un perro guardián de la democracia, como sostenía Kichka. Y quizá porque los caricaturistas pretenden ser siempre muy críticos con los políticos y con el poder de turno, la incógnita recurrente tiene que ver con el tema de la censura.

Ante la pregunta de Plantu a Rayma, respecto a si ella tenía el derecho de dibujar a Chávez, la caricaturista comentó que él decretó una ley por la que no se podía dibujar la cara del presidente. “Bueno, se puede dibujar, pero hay consecuencias… Tampoco se puede hacer caricatura con los símbolos patrios, ni la bandera, ni el escudo, ni Simón Bolívar. El único que se puede burlar de la patria es… el presidente”. “Aunque para ser sinceros -acotó Bonil- hacer una caricatura con la cara de Chávez ¡resulta una redundancia!”.

El dibujante ecuatoriano mencionó que en el conflicto Ecuador-Colombia hubo algún lector que le reclamó por hacer caricaturas en contra de Correa y no ponerse al lado de su presidente. “Nosotros tenemos que hacer un periodismo independiente, no uno militante”, dijo. “He caricaturizado a Uribe, cuando ha irrespetado los reclamos justos de Ecuador, igualmente a Chávez en su vacía grandilocuencia, y he dibujado a Correa cuando he considerado que actúa incorrectamente, pero nuestra función no es estar al lado de ningún presidente sino de nuestra conciencia”, respondió. Pero respecto a presidentes, Rayma comparó y dijo “Al menos el tuyo no canta. Y eso ya es ventaja…”

De todas formas, molestos o impertinentes parecería que la caricatura resulta en ocasiones un reconocimiento social, como cuando Kichka, el dibujante belga-israelí, relataba que el único reclamo que ha recibido es por un dibujo que no hizo: “un político de extrema derecha me preguntó por qué diablos nunca le había hecho una caricatura. Yo le respondí que cuando hiciera algo bueno, le dibujaría. Y bien… hasta ahora no le he dibujado”.
En definitiva, hay personajes que reclaman ser dibujados, y otros que intentan prohibirlo. En el caso de Mahoma supuestamente para evitar ser idolatrado. Pero en el caso de algunos gobernantes para poder ser idolatrados…

Bien dice Plantu: “el dibujo de prensa es un verdadero barómetro de la libertad de expresión. En general permite transmitir al público mensajes de tolerancia y de paz en diferentes culturas”.
Lo cierto es que si algo no podemos tomar a risa es el esfuerzo de “Cartooning for Peace” por promover este arte para la construcción de diálogo y paz. Aunque nosotros no quedaremos en paz… hasta que esa exposición llegue a Ecuador.
(Publicado en Revista VISTAZO)